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<<<SOCIALISMO>>>
DEFINICIÓN
Doctrina
que propugne la propiedad y administración colectiva o estatal de
los medios de producción, de cambio y de distribución, así como
la regulación por el Estado de las actividades económicas y
sociales y de la distribución de los bienes.
HISTORIA
La
implantación del socialismo supone necesariamente una transformación
radical de la sociedad, encaminada a la desaparición de las clases
sociales, como paso previo al igualitarismo. El problema de la vía
para llevar a cabo tal transformación dio lugar, desde los orígenes
del socialismo, a dos corrientes o doctrinas, una partidaria de la
conquista del poder político y económico mediante un proceso
revolucionario, y la otra orientada hacia reformas graduales
conseguidas mediante la vía constitucional y parlamentaria
(socialdemocracia). Asimismo, la existencia de grandes diferencias
ideológicas ha enfrentado dentro del socialismo doctrinas
contrapuestas, como el anarquismo y el marxismo.
Unas
y otras tuvieron en común el mercado sociopolítico que en su
momento las generó, condicionado al mismo tiempo por la revolución
industrial y por los cambios producidos con la Revolución Francesa.
Con anterioridad, había existido ya una larga tradición de
utopistas, que algunos hacen arrancar del Platón de la República,
y que tuvo en épocas muy posteriores sus más caracterizados
representantes en T. Moro (a. XVI), T. Campanella (s. XVI), G.B. de
Mably y J.-J. Rousseau (en el s. XVIII). Una importante corriente
igualitarista, que ya anunciaba el comunismo, y que incluso urdió
conjuras para apoderarse del Estado, cuajó en las etapas postreras
de la Revolución Francesa (G. Babeuf, P. Buomarroti). Enlazando en
parte con la tradición utópica de la Ilustración, varios
pensadores describieren y condenaron, en les décadas iniciales del
s. XIX, las terribles condiciones impuestas a los trabajadores por
el primer capitalismo industrial, proponiendo sus modelos de
sociedad ideal, como el conde de Saint-Simon, R. Owen, E. Cabet y C.
Fourier.
Algunos
de ellos incluso intentaron realizarlos a pequeña escala (los
falansterios de Fourier son el ejemplo más conocido). Todos ellos
pasaron a sor considerados los representantes del socialismo utópico,
en contraposición al socialismo científico, derivado de los análisis
de K. Marx y F. Engels, en los que se planteaba la lucha de clases y
la toma del poder a través de la acción revolucionaria. Otros
pensadores ofrecieron al movimiento obrero objetivos y tácticas
renovados. Así, L. A. Blanqui profundizó en la herencia de Babeuf
y en la idea de la insurrección armada (blanquismo), mientras que
L. Blanc defendía un reformismo social con su gran arma en el
Estado regido democráticamente (socialismo democrático), y P.-J.
Proudhon se inscribía ya en los orígenes del anarquismo.
En
esta época de transición, el socialismo quedó identificado con el
movimiento obrero. Un hito crucial en su evolución fue la ruptura
(1872) entre anarquistas y marxistas, en la I Internacional. Años
después, recibiría un nuevo golpe, al poner de manifiesto la
Primera guerra Mundial la fragilidad del proclamado
internacionalismo proletario y del pacifismo de los socialistas. A
partir de las tendencias revisionistas del marxismo (E. Bernstein),
que surgieron en el s. XX, y de los derroteros emprendidos por el
comunismo soviético, se fimo imponiendo una línea reformista en
los partidos socialistas europeos. Estos partidos reformistas
tuvieron éxito en Gran Bretaña, Alemania y los países
escandinavos.
El
ideario socialdemócrata influyó fuertemente en todos ellos,
incluso en los que conservaron la denominación de ‘socialistas’
(como el PSOE en España o el Partido Socialista en Francia). En América
Latina, la revolución cubana supuso la implantación de un régimen
comunista en la isla antillana (1959), y el derrocamiento de S.
Allende en Chile (1973) truncó un proyecto de transformación de la
sociedad a cargo de un partido socialista que habla alcanzado el
poder por la vía electoral. En Europa, el llamado ‘socialismo
real’ (comunismo) de la URSS y sus países dependientes inició en
1989 un rápido proceso de liquidación, empujado por la crisis económica
y política que se manifestó en aquellos países, y orientándose
también hacia el modelo socialdemócrata.
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